Mis amigos invisibles

© Yolanda Ledesma, 2013
Todos los derechos reservados.
Formato: Rústica; Páginas: ; Tamaño: 6" x 9"
Publisher: Alexandria Library Publishng House

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Mis amigos invisibles

Yolanda Ledesma es una escritora colombiana, radicada en Miami, Florida. "Al principio no estaba segura de mi estilo pues disfruto haciendo poesías, pero mi mayor desenvolvimiento es creando libros de misterio. Me fascina sentarme frente a mi computadora y dejar fluir mis pensamientos. En ese instante, me siento libre y sin ataduras, dándole rienda suelta a mi imaginación para crear situaciones escalofriantes y sorprendentes que mantendrán a los lectores en suspenso en cada capítulo". Mis amigos invisibles es su primera obra publicada, de las cuatro que ha escrito.

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María es una niña llena de imaginación. Le gusta inventar cuentos de hadas, jugar con sus juguetes y crear amigos imaginarios. En su mundo mágico todos sus sueños son posibles, aunque su auténtico universo es solitario.

En esta historia, sus amigos invisibles jugarán un papel importante cuando fuerzas malignas traten de apoderarse de ella. Serán su soporte emocional en todo momento. María pasará momentos de desconcierto y angustia cuando descubra un mundo totalmente diferente, difícil de entender a su temprana edad.

Los amigos invisibles juegan un papel importante en la vida de María. Estarán a su lado animándola y haciéndola sentir querida. ¿Dorado y Celeste serán en realidad producto de la mente de la niña?

Este libro es el primero de la trilogía María Montier: La LLave del Triunfo.

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Capítulo uno (muestra)

Cuando María conoció a Dorado

Era un día igual que otro, en mi tiempo. Estaba recorriendo el espacio entre dimensiones, tratando de mantener el equilibrio existente, siempre vigilante. Esa es mi misión, impedir fisuras entre los mundos para evitar posibles desastres paranormales.

Nunca olvidaré el día que María conoció a Dorado.

¡A que no me encuentras!

¿Dónde estás?

—Sígueme buscando; estás frío, frío.

Era María, jugando con sus muñecos y contestándose ella misma.

¿Cómo te llamarás? le decía a uno de sus lápices, incorporándolo a sus juguetes. —Ya sé, —dijo—. Tú eres Amarillo, como el sol, porque tu color es amarillo y tienes mucha luz.

¡Hola! ¿Cómo la pasaste en la fiesta?

—La pasé súper chévere. Y tú, ¿quién eres?

—Un nuevo amigo tuyo. ¿Te gustaría ser mi amiga?

¡Claro que sí! Yo soy María, ¿te acuerdas de mí? Soy amiguita de Celeste.

—Mucho gusto, María. Yo soy Dorado. ¿Siempre te gusta jugar a los escondidos?

—Sí, ¡es chévere! Me gusta verlos asustados, buscándome.

—¿Por qué, María?

—Verlos asustados es gracioso. Me gusta esconderme y oírlos buscándome. Más cuando es mi papá o mi mamá.

—Eso de preocupar a tus padres no es bueno, las niñas buenas no asustan a sus padres.

Fue entonces cuando me di cuenta que yo no había dicho nada de eso. Alcé mi cara poco a poco. Algo asustada, dije:

¿Cómo entraste?

—Muy fácil —contestó él.

—¿Por qué lo hiciste? —pregunté.

—¡Porque tú me llamaste! ¡Además, las niñas buenas no asustan a sus mayores! —volvió a decirme mi nuevo amigo.

—Como te dije, es la única forma que tengo para estar junto a ellos. Dime Dorado, ¿me vas a castigar por eso?

¿Por qué dices eso, María?

—¿Sabes Dorado?  Mi mamá se pondría muy rabiosa por todo lo que he dicho. Ella seguramente me encerraría en mi cuarto, como castigo. A mí me gusta fastidiarlos para divertirme, pues ellos no me hacen caso. Mi papá siempre está trabajando, y no llega hasta la noche. Cuando llega temprano, sólo hacemos tareas juntos, pero nunca tiene tiempo para jugar conmigo. A las 8 me acuestan y mi papá me da un beso de buenas noches.

—¿Cómo es tu mamá contigo?

Mi mamá es buena, pero no juega conmigo; siempre está corriendo y no tiene tiempo para leerme un libro. Cuando se lo pido, siempre me dice lo mismo: “cuando termine pasaré por tu cuarto”,  pero siempre se le olvida. Yo casi siempre estoy sola en mi cuarto. A veces me siento aburrida y no encuentro qué hacer. Entonces empiezo hacer ruidos para llamar la atención de ella, pero ella casi siempre decide mandarme a estudiar. Ellos sólo me oyen cuando grito o lloro, y mami se enoja y me castiga porque lloro por boberías. Cuando trato de decirle a mami cómo me fue en la escuela, siempre me dice lo mismo: "María, yo no tengo tiempo para malgastarlo en tonterías".

Mi mamá habla mal de mi abuelita; ella tampoco jugaba con mami, tampoco la besaba, cuando mami era como yo de chiquitica. Mi abuelita siempre estuvo trabajando. Mami extraña a mi abuelita, pero ella se fue para el cielo. Me gustaría abrazar a mi mamá, pero a ella no le gusta. ¿Será que mami no me quiere? Mami siempre habla con sus amigas por teléfono, ella sonríe y pasa mucho tiempo conversando. Es el único momento cuando mami se ve contenta.

—¿Qué hace tu mamá en las mañanas?

—Mami se levanta temprano para hacerme el desayuno. Después pasa el día limpiando la casa.

—¿A qué hora vuelves tú de la escuela y qué haces posteriormente?

—Llego a las tres de la tarde y sigo a mi cuarto para hacer mis tareas. Luego juego con mis muñecas y con ustedes. Mira mi cuarto, Dorado, está lleno de luz y puedo ver a los niños jugando afuera. También veo el sol cuando se va a dormir, con su pijamita de color naranja, despidiéndose poquito a poquito.

—¿Sabes una cosa, María? Ya sé dónde te encuentras. Estas metida dentro del guardarropa. ¡Te he descubierto porque has hablado mucho!

¡Eres muy listo Dorado! ¡La próxima vez, estaré calladita y no me encontrarás! Ven, vamos a armar juntos un rompecabezas.

—¿Sabes, Mary? A partir de ahora tienes un nuevo amigo.  Prometo estar a tu lado cuando quieras jugar conmigo. No estarás sola nunca más, pues yo constantemente estaré contigo. Seremos tus nuevos amigos; Celeste y tú van auxiliarse mutuamente.

Gracias Dorado, ¡eres muy chévere! Lo estoy pasado bomba. ¡Cuando vea a Celeste se lo contaré!

De pronto sentí golpes en la puerta de mi cuarto. Era mi mamá, quien preguntaba:

—María, ¿qué haces encerrada? ¿Con quién hablas?

—¡Sus! Escóndete en el ropero, Dorado. Mami no debe verte. Yo no quiero que te conozca.

—María, ¿estás bien? ¿Por qué no contestas?

—Estoy bien mami, ya voy a abrir la puerta. Como siempre, estoy sola.

—¿Y por qué la puerta esta cerrada?

—Cerré sin darme cuenta

—María, ten cuidado. La próxima vez asegúrate de no dejar la puerta cerrada. Ahora ven a comer, es tarde y necesito finalizar mis quehaceres. Dentro de poco va a llegar tu papá.

—Está bien mami. ¡Ya voy!

Apenas mami salió, yo corrí hacia el armario. ¿Estaría aun Dorado adentro?

Al abrirlo, él sonrió y me dijo:

—María, ve a comer. Yo estaré esperando por ti, no te preocupes.

Yo me sentía feliz, tenía un amigo con quien hablar y jugar.

Estábamos sentados a la mesa y yo pensaba en Dorado. Después de un rato mi papá me dijo:

—Mary, ¿te sientes bien?

—Sí, papi.

—Te veo distraída, ¿tienes algún problema?, ¿cómo te va en la escuela?

—Bien. ¡Ya vamos a hacer los exámenes finales, y estoy estudiando mucho!

—¿Tienes problemas con alguna clase?

—Un poco en geometría. ¿Por qué papi?, ¿me vas a ayudar?

—Me gustaría, pero tú sabes que tengo demasiado trabajo. Tu mamá te puede ayudar. ¿Verdad mi amor?

—¿Desde cuándo yo soy buena en geometría? ¡Qué fácil te quitas los problemas de encima! ¡Claro, como nunca estás aquí!

—¡Tú sabes bien por qué estoy tanto tiempo fuera de la casa! Es por mi trabajo. Gracias a mi esfuerzo no les falta nada, pero precisamos un poco de sacrificio.

—¡Deberías estar un poco más en la casa, ayudarías a María en sus estudios!

Yo me puse a llorar. Mis padres me miraron y me dijeron:

—¿Qué te pasa María? ¿Por qué lloras?

—Si les pido algo, ustedes pelean. Quiero ver a mi hermano Carlos. El siempre tiene tiempo para mí.

—¡No, a él no! ¡No lo quiero en la casa!

—¿Por qué no lo quieres, papi?

—Tu papá tiene razón. ¡Tu hermano se impuso casándose con esa mujer en contra de nuestros deseos!

—Yo quiero ver a mi hermano. Él siempre me ayudaba.

Me fui corriendo hacia mi cuarto y me tendí en mi cama llorando. ¿Por qué será que mis padres no me hacían caso? Ellos no me entendían. Cada vez más deseaba alejarme de ellos.

Yo estaba mirando los sucesos ocurridos a través de mi lógica. Sin emociones, sin ataduras humanas. Desde mi punto de vista  objetivo, los padres de María vivían sus propias existencias en forma independiente y María estaba relegada a un segundo plano. La niña lo sentía, y resentía la actitud de ellos hacia su persona, creando sentimientos de dudas y desconcierto. Estos son los momentos aprovechados por los seres de las sombras para intervenir en las vidas de los seres humanos. Trataré de ayudar a María, aunque no sé si la cura vale la pena ante su fría realidad.