La publicación de libros ha cambiado drásticamente en los últimos años. En estos momentos es más fácil que nunca publicar un libro por cuenta propia, sin seguir los procedimientos tradicionales. La transición a la tecnología digital ha hecho posible realizar todos los pasos necesarios para publicar un libro de manera más simple, rápida y económica; desde la escritura con programas procesadores de texto, hasta la venta de los libros físicos o electrónicos on-line, pasando por el diseño, revisión, impresión, distribución y promoción. Por el contrario, los editores tradicionales controlan todo en el proceso: precio, inventario y distribución en librerías. Y de paso, lo que leemos.

Hace pocos años el libro electrónico le puso la tapa al pomo. Si bien Sony precedió a Amazon en la popularización del libro electrónico, Amazon resolvió técnicamente el problema de enviar el libro a su dispositivo lector Kindle instantáneamente y con un solo clic desde ese aparato, por lo que quedó como líder indiscutible en el mercado de los eBooks.

Los editores tradicionales se sienten cada vez más presionados para demostrar a los autores su valía, de la que nadie duda, pero ya ni siquiera pueden encontrar la manera de atenderlos: son ignorados masivamente. Los editores tradicionales eran imprescindibles porque poseían capital y know how. Pero ya no hace falta capital para publicar un libro y el know-how se puede rentar a editores profesionales que cobran exactamente por el trabajo que entregan. Hoy en día puedo terminar mi novela, contratar a un editor, trabajar con un diseñador de portada que me atienda personalmente, y en pocas semanas, no en varios años, tener un libro de excelente calidad a la venta en todo el mundo.

Mientras tanto son los lectores los más beneficiados con toda la parafernalia tecnológica. Cuando oyen hablar de un libro, o se interesan por un tema o autor, proceden a una búsqueda on-line, encuentran el libro y lo compran desde su casa a mejor precio que antes. Si es un libro electrónico lo comienzan a leer inmediatamente, si es un libro en papel y vive en una gran ciudad, lo puede sorprender un toque a la puerta a los dos días.

La tecnología digital ha cambiado la industria editorial. Los editores tradicionales por el momento hacen resistencia a lo nuevo aprovechando la inercia que aporta la tradición de varios siglos, aferrándose a los controles históricos que todavía poseen. Pero de tontos no tienen un pelo y se dan cuenta, de que tendrán que modernizar sus métodos si no quieren salir del juego