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Perla Zaydén

Una mujer de éxito

Cómo me hice millonaria antes de los cuarenta años mientras tuve once hijos

Editado por Linda Montaner

80 páginas
5.5" x 8.5"
Encuadernación: Rústica
Año: 2007
Copyright: 2006 by Linda Montaner
$20.00 USD
(Recaudación destinada a obras de caridad)

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(Cubre gastos de envío)

Firmas Press
2333 Brickell Avenue,
Suite H-1
Miami, FL 33129

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ÍNDICE

  • Introducción

  • Requiém por el Líbano

  • Del Líbano a Cuba

  • La separación

  • De nuevo en casa

  • El noviazgo y la boda

  • La vida en común

  • La independencia

  • Laboratorios Zaydén

  • Competencia y ampliación

  • El castrismo

  • Circunstancias de la huída

  • El exilio

  • Enseñanzas e ideas

  • Epílogo

  • De dónde venimos

  • Árbol genealógico

  • Álbum de familia

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INTRODUCCIÓN

El veintiuno de ocutbre de 2000 mi madre fallecía en el Doctor Hospital, de Miami, tras tres años de larga enfermedad. Aunque sabía que ese desenlace era inevitable, había albergado la esperanza de que su vida se alargara algunos años más.

Desde que llegamos al exilio, diversas circunstancias contribuyeron a separarme de mis padres y hermanos. Ellos emigraron al centro de los Estados Unidos, a Tennessee, y yo y mi esposo, Carlos Alberto, a Puerto Rico. En 1970 nos trasladamos a España, donde hemos vivido desde entonces. A mediados de los años noventa, mi madre decidió regresar a Miami con mi padre. Éste ya padecía la enfermedad degenerativa que lo mantendría postrado hasta el día de su muerte. Fallecido mi padre, el 1ro. de junio de 1998, pensé que había llegado el momento de que mi madre –que había criado once hijos y cuidado de su esposo, y que nunca dejó de trabajar–, se tomara unas largas vacaciones entre España y los Estados Unidos, donde vivía el resto de sus hijos.

Pero este deseo nunca se pudo cumplir. Dos meses después del fallecimiento de papá, mi madre sufrió un infarto cardíaco y, como consecuencia, los riñones le fallaron. Fue necesario un tratamiento de diálisis. Esto la ató a los hospitales de Miami, impidiéndole viajar. Sus últimos años de vida fueron de una zozobra constante para mí, siempre temiendo estar lejos cuando ella caía en una crisis provocada por la enfermedad. En ese tiempo, mi mayor afán era tomar el avión para estar cerca de mamá y poder rescatar tantos años de separación y añoranza. Traté de serle útil, de complacerla, de que sus días fueran alegres, de resolverle problemas. De alguna manera quise compensarla por aquello que no pudimos compartir desde que la vida, y una absurda situación política, nos arrancó de nuestro país.
Para mí, el exilio trajo como consecuencia la dispersión familiar y el alejamiento de los seres que más quería, mis hermanos y padres. Pero, a pesar de la distancia, mi madre y yo siempre estuvimos muy unidas. Creo que teníamos cosas en común, lo cual contribuía aún más a que confiáramos la una en la otra. Desde niña la admiré. Supe que era un ser excepcional, dotado de una inteligencia natural y un instinto para los negocios que la harían llegar tan lejos como se propusiera. Lo que vi y viví durante mi niñez no fue otra cosa que la trayectoria de una mujer en lucha a brazo partido contra los molinos de viento que trataban de desanimarla. Una mujer que nunca se dio por vencida, una especie de encarnación de Don Quijote. Logró casi todo lo que se propuso y se hizo empresaria y millonaria a los treinta y cinco años sin dejar de ser una madre y una esposa excepcional. Al llegar al exilio tras dejar su país, su negocio, sus bienes y toda una vida de trabajo, se creció frente a las adversidades.

Estando en Madrid recibí la llamada de uno de mis hermanos: mamá estaba grave. Tomé el primer avión rumbo a Miami. Para mi pesar, cuando llegué al hospital mi madre ya estaba en coma y no pudimos despedirnos. Han transcurrido varios años desde su partida. He guardado en una gaveta varios papeles escritos por ella, en los que cuenta lo que viene a ser su vida desde la niñez hasta el momento de partir al exilio. Estoy segura de que para sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, su historia no sólo puede resultar interesante, sino instructiva e inspiradora. Fue una mujer singular, una feminista que se adelantó a la época que le tocó vivir. También tuvo un gran carácter y una fuerza arrolladora. Fue un ser humano de una calidad moral y una integridad fuera de serie. Nunca olvidaré su alegría de vivir, pero también su aceptación cristiana para esperar serenamente lo inevitable.
Sé que la lectura de los papeles que siguen contribuirá a que entendamos y conozcamos mejor a nuestra madre. Esta es la historia de su vida, contada por ella misma.

Linda Montaner

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Una heroína de la modernidad

Armando Añel

Perla Zaydén, una mujer de éxito (Orbe te Urbe Ediciones, Family Collection, Miami, 2006) es, parcialmente, un libro familiar. Parcialmente porque este cuaderno de 80 páginas, pespunteado por una gráfica genealógica en la que la fotografía apuntala eficazmente el texto, es también un libro formativo, pedagógico, la gesta esclarecedora del triunfo del hombre sobre sus circunstancias. O, más específicamente, del triunfo de la mujer, porque la heroína de este libro crió a sus once hijos y enfrentó la incomprensión, e incluso la oposición de su entorno social, sin que ello le impidiera concebir y consolidar una de las empresas farmacéuticas más boyantes de la Cuba republicana.

La historia de Perla Zaydén Pubchara es la historia tantas veces anónima -tantas veces despreciada, o desvirtuada, por cierta intelectualidad occidental- de los hombres y mujeres que se han hecho a sí mismos en el campo de batalla de la vida, a fuerza de imponer su constancia y asumir sus responsabilidades. En un mundo marcado por el victimismo, el relativismo vegetativo, la crítica anticapitalista, libros como éste no sólo cumplen una función preservadora en el ámbito personal y familiar, sino que resultan cada vez más necesarios como soporte y herramienta de los defensores de la libertad individual –de la libertad como responsabilidad en primer término- y de la pequeña y mediana empresa en Latinoamérica, a la defensiva en pleno tercer milenio.

El volumen, al cuidado de Linda Montaner (suyos son también la introducción y el epílogo) y con Carlos Alberto Montaner reseñando las particularidades culturales del Líbano cristiano en un breve preámbulo, está estructurado en torno a las memorias de Perla Zaydén Pubchara (madre de Linda), quien llegó a Cuba procedente de ese país del Medio Oriente cuando apenas contaba un año de edad. Tras su fallecimiento en octubre del 2000, sus hijas rescataron del olvido el manuscrito de sus memorias, desde las que la personalidad de su madre, vibrante en la cronología de sus triunfos y vicisitudes, impresiona al lector. Aunque, como asegura la editora, estos papeles no sólo revelan “el perfil de una mujer extraordinaria, sino aportan algunas claves interesantes de lo que fue Cuba a mediados del siglo XX, de las oportunidades que allí existían y de los rasgos de una sociedad en la que se podía triunfar por el esfuerzo propio y el trabajo honrado”.

“Lo que vi y viví durante mi niñez no fue otra cosa que la trayectoria de una mujer en lucha a brazo partido contra los molinos de viento que trataban de desanimarla”, escribe Linda Montaner a propósito de su progenitora en la introducción arriba mencionada. “Una mujer que nunca se dio por vencida, una especie de encarnación de Don Quijote. Logró casi todo lo que se propuso y se hizo empresaria y millonaria a los treinta y cinco años sin dejar de ser una madre y una esposa excepcional”.
Aseguraba George Hamilton que decir adiós a la seguridad de la propiedad es decir adiós a la seguridad de la libertad. Fue precisamente lo que vislumbró la familia Zaydén -como tantas otras familias cubanas- tras el advenimiento del castrismo: con la confiscación de sus bienes no sólo serían despojados de lo acumulado durante años de trabajo, inversión y sacrificio, sino de un activo menos concreto pero mucho más valioso: su propia independencia.

En julio de 1961 Perla Zaydén marchaba al exilio al rescate de esa independencia, y con ello cerraba unas memorias que pueden ser leídas como un manual de auto ayuda, o como un libro de aventuras, o incluso como una epopeya (como atinadamente ha señalado el profesor Adolfo Rivero Caro, el héroe de la modernidad no es el guerrero, sino el comerciante). La escritura resuelta, enérgica de Perla, reproduce fielmente lo que fuera su propio estilo de vida, su trayectoria vital. La heroína de este libro fue una mujer de acción, qué duda cabe, y una feminista adelantada a su tiempo, y una empresaria dispuesta tanto a enfrentar los prejuicios y limitaciones de un país machista y de unas instituciones lastradas por el clientelismo y la componenda, como a aprovechar los espacios y oportunidades que indudablemente también ofrecía la República. Las memorias de Perla Zaidén Pubchara son las memorias de una triunfadora.

Lea el artículo de Luis de La Paz sobre este libro, publicado en el Diario Las Américas